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Hay un refrán que dice que "quien siembra vientos, recoge tempestades," y, bajo mi punto de vista, ejemplifica a la perfección la situación educativa a la que nos estamos enfrentando en la actualidad, aunque, afortunadamente parece que poco a poco somos más conscientes de que la educación de nuestros niños determinará los hombres y mujeres que serán mañana.
El ser humano pasa gran parte de su infancia y parte de su adolescencia en la escuela, por lo que debemos ayudarle a crear un autoestima elevada, aumentar sus habilidades y fomentar su seguridad ante determinadas situaciones; las habilidades sociales deben trabajarse en el día a día del colegio, porque para el niño es su primer contacto con la sociedad, podríamos decir que la escuela es una sociedad en miniatura.
Por todos es sabido, que cuanto mejor sea el clima de un grupo, mejor se podrá interactuar en él, es decir, si nos encontramos con un grupo/clase dividido en pandillas que no se aceptan los unos a los otros, no van a centrar su atención en aprender y adquirir conocimientos, sino en ver qué son capaces de hacer mejor que el grupo rival. La labor docente de nuestros profesores y maestros conlleva un continuo establecimiento de relaciones sociales con los alumnos, y es en estos conflictos donde deben mediar y redirigir la atención de los jóvenes.
Normalmente, sobre todo en instituto, los profesores centran su objetivo en enseñar una materia, pero, ¿de qué nos sirve que nuestros hijos sean capaces de realizar una matriz perfecta si no son capaces de compartir el patio de recreo? Todos los adultos a los que nos corresponde encargarnos de educar a los menores, tenemos que ser conscientes que también debemos ayudarles en su crecimiento como personas, aportándoles herramientas útiles para sus relaciones sociales, para su convivencia en la comunidad.
Las relaciones sociales son el elemento preventivo de los problemas conductuales que se suelen dar en la escuela y que desencadenan comportamientos que favorecen el acoso escolar o bullying; estos están causados por un exceso de liderazgo, problemas de autoconcepto y autoestima, y falta de empatía, sumándole a todo esto, una continua exposición a escenas de violencia por parte de la televisión y los videojuegos.
En el entorno escolar, los profesores deben estar formados en técnicas de resolución de conflictos para que su posible intervención/mediación en estas situaciones sea efectiva; los psicólogos deben estar presentes en los institutos, pues no solo pasamos test y escuchamos, sino que recibimos una formación específica en habilidades sociales que nos permite manejar este tipo de situaciones, y sobre todo, lo más importante, evitar que se produzcan.
Las habilidades sociales son comportamientos aprendidos, por lo que se pueden emplear programas de entrenamiento donde el individuo tenga conocimiento de dichas habilidades y sepa cuándo y cómo debe emplearlas, permitiéndole enfrentarse con éxito a la resolución de problemas de interacción social, a reducir sus conflictos interpersonales y aumentar su autoestima y seguridad ante situaciones sociales.
Debemos tener presente que cuando nos encontramos ante un conflicto social en menores, no podemos actuar de forma impulsiva diciendo tú y tú castigados, sino que debemos tomarnos un tiempo y averiguar las posibles causas del mismo, ya que si no buscamos en la base del conflicto, la situación se volverá más y más compleja, y llegará un momento en el que no sabremos qué hacer, porque la montaña será tan alta que no podremos escalarla, por lo que debemos fomentar una educación basada en habilidades sociales, tras la cual, las situaciones a las que se enfrenten serán mucho más simples de afrontar y no supondrán la base de esas montañas que hoy día los conflictos crean.
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